martes, 19 de diciembre de 2017

Viajes

TOLEDO


Entro en Toledo por la Puerta de Bisagra, que es un monumento ornamental, no defensivo, ya que las troneras están colocadas casi a ras de suelo. El nombre deriva de una palabra árabe que significa “Puerta de la Sagra”; de hecho, está orientada a la comarca toledana de tal nombre. Fue reconstruida en el siglo XVI, según los trazados de Alonso de Covarrubias (1488-1570).

Detalles: está formada por dos cuerpos entre los que se intercala una plaza de armas rectangular que tiene una estatua de Carlos V. La puerta externa es de arco de sillares almohadillados; está flanqueada por dos torreones circulares y almenados. Sobre el arco hay un escudo de Carlos V en el que se observa el águila bicéfala. La puerta está rematada con un frontón triangular, sobre el que descansa una estatua del ángel guardián. El cuerpo interior es un arco de medio punto, flanqueado por torreones cuadrados que están coronados por chapiteles de cerámica (tejados de cerámica verde y blanca). En una de sus caras, aparece el escudo de Carlos V; en otras, hay un ajedrezado.
A unos pasos se encuentra la puerta de Alfonso VI, por donde al parecer entraron las tropas del monarca que conquistó el reino de Toledo en 1085.
Aunque se puede entrar en Toledo por otros lugares (las escaleras mecánicas, por ejemplo), prefiero subir por la calle Real del Arrabal. Así, puedo admirar la iglesia mudéjar de Santiago del Arrabal. 



El vocablo “mudéjar” significa “domado”; además de referirse a aquellos musulmanes que, a cambio de un tributo, podían vivir en territorio cristiano conservando su religión, alude asimismo a un arte que floreció en España desde el siglo XIII hasta el XVI; se caracteriza por la conservación de elementos del arte cristiano y el empleo de la ornamentación árabe. Observemos los dobles arcos lobulados y el típico arco de herradura.


      Me desvío por la calle del Cristo de la Luz para admirar la  mezquita, cuyos elementos constructivos (bóvedas, arcos de herradura con peralte, dovelas, arquerías) se inspiran en la mezquita cordobesa. Regreso a la Calle Real para cruzar bajo la Puerta del Sol (se llama así por unos frescos que representan el Sol y la Luna) y continúo por la calle Gerardo Lobo; llego a la terraza y al paseo del miradero. Desde aquí se puede disfrutar de una hermosa vista de la llanura toledana y divisar las ruinas del circo romano y el antiguo Hospital de Tavera, cuya fachada almohadillada es típica del Renacimiento. Después del respiro, enfilo la calle Armas, que desemboca en la antigua plaza del mercado, Zocodover, el corazón del casco viejo. Como ocurre en los zocos árabes, de su centro surgen varias calles, repletas de tiendas de espadas, ropa, dulces… A la izquierda, hay una puerta de la muralla árabe, el Arco de la Sangre. Al parecer, el nombre se debe a la existencia de una capilla, donde se custodiaba la Sangre de Cristo que remediaba a los reos que iban a ser ajusticiados, bien allí mismo o bien en otros lugares de la ciudad. Antes de cruzar el arco, aprovecho para tomar unas figuras de mazapán en la pastelería aneja; bajo por las escaleras, observo la estatua dedicada a Cervantes y llego sin desviar la ruta al Museo de Santa Cruz, donde se muestran colecciones fijas y exposiciones itinerantes. De regreso a Zocodover, enfilo la cuesta de Carlos V. 


A mi izquierda, aparece el alcázar, donde se custodian el Museo del Ejército y la Biblioteca de Castilla la Mancha. Merecen la pena las dos visitas; la primera, entre otras razones, porque nos pone frente a frente con la historia de nuestro país (así, la exposición de los automóviles donde fueron asesinados Prim, Dato y Carrero); la segunda, porque da gusto observar a los jóvenes leyendo y estudiando en espacios acogedores y diáfanos. Desde el alcázar también se contemplan excelentes panoramas de la ciudad.
            De nuevo en Zocodover. Bajamos por la calle del Comercio y llegamos a la catedral (siglos XIII-XV), cuyas joyas más alabadas son, entre otras, la sacristía mayor, el tesoro-relicario, la sala capitular, el claustro bajo y la campana gorda. Salimos del templo y tomamos la calle Trinidad, que seguimos hasta la plaza del Salvador; entramos en la calle de santa Úrsula e, inmediatamente, en Taller del Moro. Aquí se encuentra el museo del mismo nombre. Está situado en un palacio mudéjar del siglo XIV; alberga valiosas piezas de artesanía medieval; también se custodian restos arqueológicos, capiteles y arcas. La disposición de algunas estancias recuerda a la Alhambra. Salvo que se conozca a algún vecino o se vaya en una excursión organizada, el paseante normal no puede entrar en las casas, pero sí reparar en sus fachadas, las puertas y sus herrajes, las calles robadas (antigua costumbre de algunos toledanos, quienes juntaban su casa con otra de la que estaban separados por una calle minúscula: se ponían todos de acuerdo y unían los balcones de una con los balcones de otra). Una vez al año, se abren los patios de las casas y es posible apreciar su belleza.
            Un alto en el camino para almorzar en cualquier restaurante de la imperial ciudad. Tras la comida, reanudo el itinerario y me acerco a la iglesia de santo Tomé, en la calle del mismo nombre. Obra del siglo XIV. Llama la atención su torre mudéjar con mampostería encintada y, sobre todo, un cuadro del Greco: El entierro del Señor de Orgaz. Terminada la visita, tomo la calle san Juan de Dios y me aproximo a la calle Reyes Católicos, donde se encuentran los dos últimos monumentos que citaré: la sinagoga de santa María la Blanca y san Juan de los Reyes. Pudiera sorprender que una sinagoga tenga la advocación de una santa, pero en nuestra cultura está muy arraigada la costumbre de los vencedores de aprovechar los templos antiguos a su conveniencia, cambiando imágenes o eliminándolas. Al menos, los cristianos no destruyeron este hermoso edificio, que consta de cinco naves separadas por arcos de herradura con yesería y pilares octogonales con capiteles en forma de nido de avispa.
Llego al final del recorrido, porque un poco más abajo se halla el monasterio de san Juan de los Reyes, una joya del siglo XV que siempre me ha gustado. 

Antes de entrar, me llaman la atención las cadenas que cuelgan de la fachada. Al parecer, corresponden a los cautivos que fueron liberados en la conquista de Granada; se colgaron para simbolizar el triunfo del cristianismo. La construcción del templo se debe a Juan Guas. La reina Isabel era devota de Juan el evangelista y quería que este fuese su panteón. No logró esta voluntad, pero sí consiguió que el edificio tuviera forma de catafalco, rodeado por pináculos a semejanza de los cirios. Como los frailes franciscanos iban a hacerse cargo del templo, Guas hizo que el cordón de la orden corriese por la fachada. La iglesia tiene un crucero espacioso; su cabecera está cubierta con una bóveda de estrellas de ocho puntas. La decoración del crucero es epigráfica, con letreros que aluden a la conquista de Granada. El claustro bajo se cubre con bóveda de crucería, aunque los nervios no se juntan en el centro; el claustro superior posee un bello artesonado de madera con lazos mudéjares. La grandeza de los reyes se representa con los yugos y las flechas, que se repiten, como las letras: la Y, de Isabel; la F, de Fernando.

La noche toledana. Después de un merecido respiro y cena, conviene visitar la noche toledana. El hecho de que tal expresión esté relacionada con la escatología puede deberse a una leyenda del siglo VIII: el emir Alhakén I quería terminar con la autonomía de Toledo. Así, encargó la gobernación de la ciudad a un muladí de su confianza. Para celebrar el nombramiento, Ambroz (así llamado en castellano) invitó a una cena a más de cuatrocientas personas, ricas e influyentes, y durante el banquete las degolló a todas. En la actualidad, la noche toledana, bellamente iluminada, es muy diferente. Se recomienda pasear cerca del río Tajo, disfrutar de las tabernas del barrio de Santa Teresa y conocer lugares de marcha. Círculo de Arte es una asociación cultural que está enclavada en la iglesia mudéjar de san Vicente. De noche, se convierte en discoteca. Así, el viajero -que aparece en la imagen con sus amigos toledanos- puede elogiar las bóvedas de crucería, tomarse una copa y bailar al mismo tiempo.

Datos útiles:
Oficina de turismo: Plaza del Consistorio, 1; Plaza de Zocodover.
Estación de Renfe: Paseo de la Rosa, s/n.
Estación de autobuses: Avda. Castilla-La Mancha, s/n.
Compras: artesanía (damasquinados, espadas), gastronomía (mazapanes y productos típicos). Hay numerosos locales.
Fiestas: 23 de enero: san Ildefonso. Semana Santa. Corpus Christi: las calles alfombradas de hierbas aromáticas acogen la procesión de la Custodia de Oro. Última semana de agosto: festival de música de las Tres Culturas.
Monumentos: Son abundantes: puentes (san Martín, Alcántara), ermitas (Virgen del Valle, Cristo de la Vega), torres (san Bartolomé, san Román), conventos (santo Domingo el Antiguo, Comendadoras), palacios (san Servando, Galiana), restos romanos, cuevas y otros muchos.
Alrededores: los cigarrales, castillo de Guadamur, castillo de Orgaz, Tembleque.
Visitas guiadas. El ayuntamiento de Toledo organiza muchas rutas (literarias, turísticas y otras).
Alojamiento: Hotel Beatriz (a las afueras) y Eurico (casco viejo).
Para comer: Adolfo, Locum, Alfileritos, La Abadía...


Restaurantes recomendados
Adolfo Muñoz, artista de la gastronomía española, posee varios establecimientos; además, es el alma mater de una escuela de hostelería. Almuerzo en el restaurante de la calle Hombre de Palo, vivienda desde cuya terraza se ve un hermoso panorama de Toledo. Comienzo con entremeses (espárragos de Camuñas, crujiente oreja de cochinillo). A continuación, zamburiñas, paloma torcaz, merluza con callos de bacalao, presa ibérica. De postre: chocolate 

y caramelo con nata y fresa. Vinos del maridaje: cava, verdejo del marqués de Griñón, Latour, Condado de Haza y jerez. Precio: unos cien euros.



Oviedo / Uviéu

Breve historia. Al parecer, los fundadores de esta ciudad fueron dos monjes, quienes crearon una explotación agrícola en el año 761. Fruela construyó un palacio, donde nació su hijo Alfonso II, el Casto. Este rey trasladó la corte del reino a Oviedo. Un primo suyo, Ramiro I, impulsó la construcción de Santa María del Naranco, joya del prerrománico. Posteriormente, la corte fue trasladada  a León. Actualmente, la ciudad es capital del principado de Asturias.
           
A diferencia de Gijón (Xixón), que se distingue por un trato natural y campechano, Oviedo mantiene un empaque señorial –típico, por otra parte, de las capitales de provincia- que Clarín describió con precisión en La Regenta. En el centro de Oviedo, han colocado una estatua 


que supone un homenaje a un famoso cuento de Leopoldo Alas: Adiós Cordera.
Viniendo de mi aldea, entro en la capital por la avenida de Galicia y desemboco en la calle Uría, arteria principal que comunica el corazón comercial con las estaciones de ferrocarril y autobuses. Al final de la misma, llegamos al campo de San Francisco,

a la plaza de la Escandalera y al teatro Campoamor, donde se entregan los famosos premios Príncipe de Asturias. Es el centro de la ciudad, donde se hallan los monumentos más representativos: la catedral y la parte vieja de la ciudad. La catedral, de estilo gótico, erigida en el siglo XIV, se emplazó en una basílica que fundó el rey Fruela en el siglo VIII. Hay que ver la Sala Capitular y el retablo; la capilla del rey Alfonso II el Casto (Panteón Real), la capilla Mayor y el claustro. La Cámara Santa alberga un relicario, recubierto con placas de plata; la Cruz de los Ángeles, recubierta de piedras preciosas, es el símbolo de la ciudad; la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias.
Conviene un descanso para disfrutar de uno de los dulces más exquisitos, el carbayón. En asturiano, al roble se lo denomina así. Al parecer, se comenzó a llamar de ese modo a los ovetenses por un carbayo que estaba plantado ante el teatro Campoamor. Recomiendo los dulces de la pastelería Camilo de Blas, un establecimiento fundado por un antepasado familiar en León en el siglo XIX.

 En la parte vieja, se encuentran la iglesia de san Tirso, el palacio arzobispal y el convento de san Vicente. Otros lugares interesantes son el Museo de Bellas Artes, que ocupa el palacio de Velarde, y el Museo Arqueológico, instalado en un antiguo monasterio. Importa visitar la universidad; el Fontán, plaza porticada donde todavía se celebra el mercado; y la iglesia de san Julián de los Prados, construida en el siglo IX; es el mayor templo prerrománico de España. Conserva frescos de la Alta Edad Media. Los motivos no son bíblicos; antes bien, florones, bandas e imitaciones de columnas.
A la hora del almuerzo, merece la pena acercarse a la calle Gascona, donde hay numerosas sidrerías. En una de ellas, comí fabada, cabrito guisado y tarta de queso por quince euros. Todo ello regado con una jarra de vino de Rioja. 

Es cierto que las fechas eran señaladas, carnaval, que en asturiano se dice antroxu (o antroiru), y muchos restaurantes ponen precios especiales.
 Si el viajero necesita digerir bien las fabas, puede subir andando hacia el monte Naranco (no confundir con el Urriellu o Naranjo de Bulnes, situado en los Picos de Europa). Vaya a pie o en automóvil, es cita obligada  la visita a Santa María del Naranco, una joya del prerrománico que, en su origen fue levantado para ser palacio de recreo de los reyes asturianos, y San Miguel de Lillo, la iglesia que formaba parte del conjunto residencial de los monarcas. En Santa María del Naranco, aparece esculpida en relieve la cruz griega que se convirtió en emblema de la monarquía astur. Se aconseja subir a lo alto del monte, desde donde se contempla una vista espectacular de Oviedo y su entorno.


Dos restaurantes recomendados
Casa Fermín. C/ San Francisco, 8. Oviedo.
Se encuentra en el centro de Oviedo. Es una sala amplia y cómoda. Trato amable. Me decanté por los entremeses y por varios platos de la carta. El solomillo, de ternera asturiana, resulta exquisito. Apunto el menú degustación:


 La máquina. Avda. Conde Sta. Bárbara, 59. Lugones (a 6 kms. de Oviedo). Me cuenta Ramón, uno de los propietarios actuales, que Pepe, el fundador del establecimiento en 1916, trabajaba en la Unión Española de Explosivos. Como Pepe bregaba en el torno, el restaurante fue denominado “La máquina”. Cuando Ramón González y María García tomaron el restaurante, este siguió llamándose de la misma forma. Ramón, a quien siempre le habían gustado los trenes, asoció el nombre con una locomotora, figura que preside la entrada a uno de los templos de la fabada.

Aconsejo mezclar las fabas con el compango y acompañar con vino tinto.

De postre, arroz con leche (en asturiano, “papas de arroz”). 

Precio: 35 euros.

Datos útiles:
Mercado del Fontán: (plaza 19 de octubre). Jueves. Domingos y festivos, también en el Campillín (contiguo).
Oficina de turismoplaza del ayuntamiento.
Fiestas: Antroxu (o Antroiru). Es el carnaval. 13 de mayo: la Balesquida. San Mateo (19 de septiembre).
Aeropuerto: Ranón (Avilés).
Estación de autobuses: Empresario Pepe Cosmén, s/n.
Estación de tren: Uría s/n.
Museos: Arquelógico (San Vicente, 3), Bellas Artes (Santa Ana, 1-3).
Pastelerías: Peñalba (Milicias Nacionales, 4), Camilo de Blas (Jovellanos, 7) Ovetus (santa Susana, 1), Auseva (Avda de Galicia, 11).
Monumentos: convento de san Pelayo, iglesia de santa María la Real, palacio de la Rúa, iglesia de san Isidoro, ayuntamiento, palacio de Valdecarzana y Heredia.
Alrededores: Naranco, Latores.
Alojamiento: Hotel Reconquista, Hostal Fidalgo.
Restaurantes: Casa Fermín, La Máquina (en Lugones).
Chigres (sidrerías): son numerosos. Indicamos tres entornos principales: calle Gascona, Silla del Rey y plaza de Trascorrales.


San Sebastián / Donostia

         A pesar de haber vivido seis años en Irún, jamás asistí a la tamborrada. Como esta era una de las espinas que tenía clavadas, fui este año a verla, y creo que es una de esas fiestas que, como las fallas, es necesario ver una vez en la vida para comulgar con los gustos y costumbres populares, vivir con intensidad y, por qué no, disfrutar de la comida y la bebida, que en esta ciudad son viandas y caldos exquisitos.
         Esta es una de las ciudades más hermosas que conozco. Pasear por la playa de la Concha, admirar la isla de santa Elena, ascender al monte Igueldo o callejear por la parte vieja son placeres únicos.
No es raro ver a bañistas a las nueve de la mañana dándose un chapuzón en aquellas frías aguas, bien sea en abril o en febrero.
Sugiero subir al autobús turístico, puesto que ofrece un panorama interesante de lugares emblemáticos: teatros (Victoria Eugenia, Kursaal), plazas (Guipúzcoa, Constitución), calles (san Martín, avenida de Navarra), catedral, paseos (Concha, Ondarreta, bulevar), etc.
Es imprescindible visitar la Bretxa, el mercado, repleto de puestos que incitan a la gula más sana –chuletones, quesos- y a las angulas, típicas del día de san Sebastián, cuyo precio oscila entre los trescientos y los ochocientos euros el kilo.
         El viajero no debe perderse el paseo por las calles de Fermín Calbetón, Mayor, Pescaderías y otras contiguas para saborear los pinchos -variados y deliciosos- que ofrecen la mayoría de las tabernas de la zona.

La tamborrada
A las once de la noche del 19 de enero, la plaza de la Constitución está repleta de gente. Algunos asistentes visten de cocineros; otros, de franceses. Pregunté a uno de los cocineros por la razón de aquel contraste, y me explicó lo siguiente: en el siglo XIX,  los soldados franceses bajaban tocando los tambores desde el monte Igueldo a la capital; los cocineros de la ciudad, molestos por el ruido, les hacían burla, puesto que no podían enfrentarse a ellos de otro modo. Al parecer, así surgió la tamborrada. Algunas fuentes remiten a una comparsa de carnaval; otras, a una antigua procesión. Sea como fuere, a las doce de la noche, se iza la bandera de la ciudad y comienza la tamborrada, que dura veinticuatro horas. Durante este tiempo, llueva o nieve, marchan por las calles grupos de personas uniformadas que pertenecen a grupos de artesanos, sociedades gastronómicas y otras entidades. El ambiente es extraordinario, pues la alegría se desborda entre atabales, risas y juergas. A mediodía, tiene lugar la tamborrada infantil: 


las compañías de colegiales, ataviados con sus uniformes de gala, forman ante el ayuntamiento y posteriormente desfilan por las calles donostiarras entre aplausos y admiración.

Mi restaurante favorito

Ver la tamborrada era una de mis ilusiones, pero no la única. Siempre que iba en autobús de Irún a San Sebastián para ensayar en el grupo de teatro Orain (Ahora), pasaba por delante del restaurante Arzak, ya famoso entonces. Sabía que el menú me costaría un ojo de la cara, pero tenía el capricho de gozar de los suculentos manjares que ofrece uno de los grandes templos gastronómicos de este país. No es algo que se pueda hacer habitualmente, pero de vez en cuando es preciso darse algún festín que otro.



           
El menú degustación consta de varios platos, a cual más exquisito. Comienza con entremeses (gambas, talos de marisco, cecina y caña de morcilla); sigue el pescado del día (con pacharán y maíz morado), ostras pinzadas a la brasa, carabineros con krill, huevo con maíz y gominolas de tomate, pescado según la mar, corzo, pato simbólico; finaliza con escarcha de castaña y luna cuadrada (chocolate con interior fluido de menta). El menú es acompañado por vinos que corresponden adecuadamente a cada una de estas deliciosas experiencias culinarias. Aproximadamente, doscientos euros.


Datos útiles

Oficina de turismo: Alameda del bulevar, 8.
Aeropuerto: Gabarrari kalea, 22. Hondarribia (Fuenterrabía).
Estación de autobuses, tren: Federico García Lorca, 1.
Fiestas: san Sebastián (20 de enero), carnaval, fiesta de Guipúzcoa (31 de julio), Semana Grande (la del 15 de agosto.
Monumentos: Bahía de la Concha, iglesia de san Vicente, palacio de Miramar, museo de san Telmo.
Alrededores: Hondarribia (Fuenterrabía), Orio, Zarauz, Guetaria.
Alojamiento: Hotel MaríaCristina, Londres, pensión Itxasoa.
Tabernas: Alcalde, La cepa, Zeruko, A fuego negro, Atari, La viña.




domingo, 29 de abril de 2012

Figuras retóricas (II)



Introducción

Si nos acercamos a la primera epopeya literaria de la Humanidad, el poema del sumerio Gilgamesh, observaremos que antiguamente ya se empleaban diferentes recursos fónicos, sintácticos y semánticos para representar bellamente ideas, sentimientos o imaginaciones.




Gilgamesh, Ediciones Akal, 2012
No es de extrañar, por tanto, que en Grecia y Roma se estudiasen los procedimientos para la creación de discursos y textos. La Retórica escolar se ocupaba de enseñar las reglas que debían seguir en sus arengas abogados y políticos. Se consideraba que cualquier discurso debía cumplir determinados pasos para que resultase eficaz: la invención (inventio), el ordenamiento (dispositio), el ornato o adorno (elocutio), el recuerdo de los elementos en un orden específico (memoria) y la acción o entonación adecuada (actio).
Para construir un discurso o un texto, es preciso contar con los materiales adecuados (inventándolos), disponerlos después en un orden determinado y adornarlos. La memoria ayuda a recordar el texto sin leerlo. Se ejecutaba el discurso entonándolo conforme al receptor o al sitio donde se pronunciase.

En el medio judicial, siempre se han valorado los diferentes recursos retóricos, puesto que muchas veces la vida de una persona depende de la capacidad oral que tenga un abogado para impresionar al juez o conmover al público. Por tanto, ¿qué mejor manera de seducir al auditorio que emplear un lenguaje adornado y elegante? Entre los recursos que los oradores han utilizado habitualmente, destacan las figuras retóricas.

Ahora bien, la Retórica no está recluida en ambientes legales o en círculos literarios, ya que se trata de un sistema de formas conceptuales y lingüísticas que sirven para que cualquier hablante logre un efecto determinado en una situación concreta. De esta manera, si deseo ponderar el hambre que sufre alguien, me valdré de una hipérbole (“está muerto de hambre”); si quiero ofender a un enemigo, emplearé una metáfora (“Fulano es una víbora”), etc.

Cualquier discurso está sujeto a la gramática y a la retórica. La gramática es el sistema que regula la corrección idiomática; es el arte de hablar correctamente (ars recte loquendi). La retórica es el sistema de reglas que garantiza el éxito de la persuasión; es el arte de hablar bien (ars bene dicendi).  

El adorno (elocutio) afecta a las palabras aisladas (verba singula) y a las palabras enlazadas (verba coniuncta). Las expresiones lingüísticas con que se adornan los materiales que conforman un discurso o un texto pueden emplear recursos fónicos, morfosintácticos semánticos, según utilicen los sonidos de la lengua para crear un determinado efecto (fónicos); se produzcan al modificar el orden en la oración o al repetir, suprimir o añadir vocablos (morfosintácticos); o afecten al contenido de las palabras cambiando su sentido de un modo u otro (semánticos).

Los recursos fónicos y morfosintácticos aparecen en  la entrada Figuras retóricas (I).

Recursos semánticos


Las palabras pueden ser reemplazadas por otras. Se crean nuevos sentidos, se sustituyen unos elementos por otros, etc. Esto ocurre en el lenguaje coloquial, pero la lengua literaria posee un "extrañamiento"; es decir, una gran capacidad para crear desplazamientos originales, de gran belleza estética, que están alejados del lenguaje corriente. Cuando tales desplazamientos ocurren en el nivel de la palabra, hablamos de recursos lexicales (polisemia, sinonimia, etc). Así, usinónimoes un cuerpo léxico que posee el mismo contenido léxico que la palabra sustituida. Con todo, la coincidencia de significado nunca es completa: funesto/fatal/mortal.
Los tropos apartan o trasladan el contenido léxico originario hacia otro contenido léxico. Los tropos más importantes son: metáfora, metonimia, sinécdoque y símil o comparación. Algunos teóricos incluyen la alegoría, la antonomasia y la sinestesia, entre otros. Veamos los diferentes tipos de recursos semánticos:
Alegoría. Expresión de un pensamiento por medio de imágenes, de tal modo que haya correspondencia entre los elementos del plano “real” y del imaginado. Normalmente, se parte de una comparación o de una metáfora. En los versos acrósticos de La Celestina, el autor se compara con una hormiga. Abandona su labor de jurista y pretende lograr éxito con las letras, volando como una hormiga, pero los autores consagrados se ceban con él.
Donde esta pensaba gozar volando
yo de escribir cobrar más honor,
de lo uno y de lo otro nació disfavor:
ella es comida y a mí están cortando
reproches, revistas y tachas. Callando
obstara, y los daños de envidia y murmullos;
insisto remando, y los puertos seguros
atrás quedan todos ya cuanto más ando.

Podemos establecer las siguientes correspondencias de sentido:
-hormiga (el autor)
-disfavor (daño sufrido)
-cortando reproches (censuras de los críticos)
-remar (continuar con su labor literaria)
-puertos seguros (su oficio de jurista).

La Celestina, Akal, 2012
Amplificación (“amplificatio”). Desarrollo amplificado de una idea mediante la enumeración de los elementos que intensifican su sentido. Para conseguirlo, los teóricos señalan algunos procedimientos: perífrasis, apóstrofe, prosopopeya, etc. En el ejemplo siguiente, Celestina, quien desea encarecer la tarea realizada para sacar mayor provecho, pondera la idea expresada e incrementa la formulación lingüística cuando relata a Calisto su labor de alcahueta:

Melibea pena por ti más que tú por ella; Melibea te ama y desea ver; Melibea piensa más horas en tu persona que en la suya; Melibea se llama tuya (XI).
Anfibología. Relación equívoca entre palabras. El equívoco o doble sentido de un término puede conducir al chiste. Quevedo juega con el doble sentido de “cardenal” (“prelado que compone el colegio consultivo del papa” y “mancha amoratada a consecuencia de un golpe”):

Salió de la cárcel con tanta honra que le acompañaron doscientos cardenales, salvo que a ninguno llamaban señoría”.
Antítesis. Se contrapone una frase o una palabra a otra de significado contrario:

Lloran los justos y gozan los culpables.
Antonomasia: sustitución de un nombre propio por una perífrasis:

Oviedo: la capital de Asturias.
Júpiter: el dios padre y el rey de los hombres.
Apóstrofe. Invocación de modo vehemente a un ser presente o imaginario. Cuando Pleberio ve sola a su hija, se dirige a ella de este modo:

Hija mía, Melibea, ¿qué haces sola? (XX).

Batología o pleonasmo. Repetición de vocablos o expresiones:

Lo vi con mis propios ojos.

Puede tener efectos un tanto molestos por reiterativos:

Bajé abajo. Subí arriba.

Dilogía. Uso de una palabra con dos significados simultáneos. Celestina emplea el vocablo "hilo" con el sentido de "hebra larga y delgada" y con el de "miembro viril". Véase cómo elogia su "mercancía" cuando Alisa, la madre de Melibea, le pregunta por su calidad:
"Delgado como el pelo de la cabeza; igual recio como cuerdas de vihuela; blanco como el copo de la nieve..." (IV).
Disfemismo. Es el término contrario de “eufemismo”.Designa la palabra que se refiere a un concepto con matiz despectivo. Para llamar “borracho” a alguien, se crea el vocablo “abrazafarolas”. Es fuente principal para degradar a una persona. Con el fin de ofender a un supuesto amante del jefe de Gobierno de cierto país, una revista publicó que había sido nombrado
jefe de protoculo.
Énfasis. Da a entender más de lo que se dice o bien obliga a comprender lo que no se dice. En

¡Sus motivos tendrá cuando calla!
se sugiere que alguna razón grave obliga al sujeto a callar, pero no se afirma explícitamente.

Epanortosis. Consiste en volver sobre una expresión formulada para rectificarla:
La encontré en el cine; mejor dicho, en la entrada.
Epifonema. Sentencia que se coloca al final de un proceso de pensamiento:

… Daba sustento.
¡Que tanto puede una mujer que llora! (Lope de Vega).

Epífora. Véase “anáfora”.

Epímone. Se repite enfáticamente una misma palabra:

Noches y días,
días y noches,
noches y días (D. Alonso).
Epíteto. Adjetivo calificativo que subraya una cualidad del nombre sin modificar la extensión o comprensión del sustantivo con el cual concuerda. Suele ir antepuesto.

Blanca nieve, mansa oveja, colorada rosa.
Eufemismo. Consiste en emplear un término agradable para no mencionar otro sucio, inoportuno o molesto. La palabra sustituida es tabú; es decir, está “prohibida” por las convenciones sociales.
Baño por "retrete". Invidente por "ciego". Presión fiscal por "subida de impuestos".



Exclamación. Expresión enérgica de un afecto:
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos! (J. Manrique).

Hipérbole. Es una ponderación desmesurada, una amplificación creciente.
Me duele hasta el aliento (M. Hernández).
Puede combinarse con otros tropos; por ejemplo, con la metáfora:
Corazón de hierro.
Interrogación retórica. Pregunta que no busca respuesta, sino confirmación del mensaje enunciado para darle mayor vigor y eficacia. Pleberio lamenta la muerte de Melibea:
¿Para quién edifiqué torres? ¿Para quién adquirí honras? ¿Para quién planté árboles? ¿Para quién fabriqué navíos? (XXI). 
Ironía. Expresión de un contenido burlesco en un enunciado serio. Una forma habitual consiste en dar a entender lo contrario de lo que se afima:
El muy listo suspendió todas las asignaturas.

Cuando la ironía contiene amargura cruel, se denomina “sarcasmo”.
Lítotes. No expresa todo lo que se quiere dar a entender. Se niega lo contrario de aquello que se desea afirmar:

No pequeño = muy grande.
MetáforaTropo que consiste en una traslación semántica mediante la cual se identifica un elemento real con otro imaginario o evocado. En
Roldán es un tigre
trasladamos el contenido original de “tigre” (fiera) y lo empleamos en un contenido léxico novedoso: guerrero salvaje. Obviamente, ha de existir un fundamentopara la identificación. En este caso, parece evidente que un guerrero salvaje se parece a un tigre en salvajismo y fiereza.

Hay varios tipos de metáfora: pura, en aposición, impresionista...

Metonimia. Tropo que responde a la fórmula pars pro parte; es decir, se indica una realidad con el nombre de otra que está relacionada con ella por motivo de a) instrumento por quien lo maneja, b) autor por obra, c) lugar de origen a producto que de allí procede...
Se casó con el guitarra del grupo.
Es un Rembrandt muy bueno.
Me gusta el cabrales.
Oxímoron. Combinación en una cláusula de dos palabras de significado opuesto, que originan un nuevo sentido:
Silencio atronador. Música callada.
Parábola. Narración simbólica de la que se deduce una verdad o una enseñanza moral. Es muy conocida la parábola del hijo pródigo (Lucas, 15, 11-32). Si tiene sentido de prevención, advertencia o reprensión, se llama “apólogo”.

Paradoja. Consiste en utilizar frases o expresiones que envuelven contradicción:
Mira al avaro; en sus riquezas, pobre.

Parodia. Imitación burlesca de una obra literaria o de un estilo determinado. Muñoz Seca se burla de una rima de Bécquer:
¿Qué es poesía? Dices
mientras clavas en mi pupila
tu pupila marrón.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía soy yo.
Perífrasis. Consiste en dar un rodeo a la expresión, de tal modo que se emplean más vocablos de los necesarios para expresar algo que necesita pocas palabras. También se denomina "circunloquio":
Mis padres: los autores de mis días.
El águilael pájaro de Júpiter.
Personificación (Prosopopeya). Atribución de cualidades humanas a seres inanimados o a animales:
El cáñamo gemía y los árboles se quejaban.

Símbolo. Signo (objeto, figura, cualidad) que alude a una realidad que no puede ser captada por los sentidos (oído, vista...), ya que pertenece al mundo espiritual, sentimental o abstracto.

Este buitre voraz... me devora las entrañas.
Unamuno utilizaba al buitre para aludir a la angustia existencial. Para Bécquer, el arpa representaba el genio creador del artista; Ofelia era símbolo de dolor y ternura (rimas VI y VII); para Machado, el camino simbolizaba la vida, etc. Los símbolos suelen permanecer fijos en las distintas culturas.
Una bandera = un país.
La paloma = la paz.
Símil. Analogía o parecido entre un hecho real y otro imaginado. Suelen aparecer ambos conectados por una partícula. Este tropo recibe asimismo el nombre de comparación. Para subrayar la fiereza de Acrón, un guerrero, lo emplea Virgilio en la Eneida (X, 720 y ss.):
Acrón... rojo en las plumas... como el león hambriento.
Ejemplo de formulación breve, sin partícula de unión (Eneida, X, 602-3):
Así llenaba de muerte los campos el caudillo
dardanio, loco a la manera de un torrente de agua.

Sinécdoque. Tropo que consiste en un desplazamiento de la denominación de la realidad indicada, bien traspasando los límites del concepto o bien no traspasándolos. El plano conceptual contiene varios límites que pueden verse afectados por la sinécdoque: la especie por el género, la parte por el todo, el producto acabado por la materia prima, el singular por el plural... En estos ejemplos, se designa una realidad con el nombre de otra con la que guarda una relación de inclusión:
Una parte por el todo: mil cabezas de ganado.
El continente por el contenido: se comió tres platos.
El todo por la parte: la ciudad salió a despedirlo.
Sinestesia. Tropo que vincula dos sensaciones que son percibidas por sentidos diferentes:
Color chillónEscucho con mis ojos a los muertos (Quevedo).