Introducción
Si nos acercamos a la primera epopeya literaria de la Humanidad, el poema del sumerio Gilgamesh, observaremos que antiguamente ya se empleaban diferentes recursos fónicos, sintácticos y semánticos para representar bellamente ideas, sentimientos o imaginaciones.
No es de extrañar, por tanto, que en Grecia y Roma se estudiasen los procedimientos para la creación de discursos y textos. La Retórica escolar se ocupaba de enseñar las reglas que debían seguir en sus arengas abogados y políticos. Se consideraba que cualquier discurso debía cumplir determinados pasos para que resultase eficaz: la invención (inventio), el ordenamiento (dispositio), el ornato o adorno (elocutio), el recuerdo de los elementos en un orden específico (memoria) y la acción o entonación adecuada (actio).
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| Gilgamesh, Ediciones Akal, 2012 |
Para construir un discurso o un texto, es preciso contar con los materiales adecuados (inventándolos), disponerlos después en un orden determinado y adornarlos. La memoria ayuda a recordar el texto sin leerlo. Se ejecutaba el discurso entonándolo conforme al receptor o al sitio donde se pronunciase.
En el medio judicial, siempre se han valorado los diferentes recursos retóricos, puesto que muchas veces la vida de una persona depende de la capacidad oral que tenga un abogado para impresionar al juez o conmover al público. Por tanto, ¿qué mejor manera de seducir al auditorio que emplear un lenguaje adornado y elegante? Entre los recursos que los oradores han utilizado habitualmente, destacan las figuras retóricas.
Ahora bien, la Retórica no está recluida en ambientes legales o en círculos literarios, ya que se trata de un sistema de formas conceptuales y lingüísticas que sirven para que cualquier hablante logre un efecto determinado en una situación concreta. De esta manera, si deseo ponderar el hambre que sufre alguien, me valdré de una hipérbole (“está muerto de hambre”); si quiero ofender a un enemigo, emplearé una metáfora (“Fulano es una víbora”), etc.
Cualquier discurso está sujeto a la gramática y a la retórica. La gramática es el sistema que regula la corrección idiomática; es el arte de hablar correctamente (ars recte loquendi). La retórica es el sistema de reglas que garantiza el éxito de la persuasión; es el arte de hablar bien (ars bene dicendi).
El adorno (elocutio) afecta a las palabras aisladas (verba singula) y a las palabras enlazadas (verba coniuncta). Las expresiones lingüísticas con que se adornan los materiales que conforman un discurso o un texto pueden emplear recursos fónicos, morfosintácticos y semánticos, según utilicen los sonidos de la lengua para crear un determinado efecto (fónicos); se produzcan al modificar el orden en la oración o al repetir, suprimir o añadir vocablos (morfosintácticos); o afecten al contenido de las palabras cambiando su sentido de un modo u otro (semánticos).
Los recursos fónicos y morfosintácticos aparecen en la entrada Figuras retóricas (I).
Recursos semánticos
Las palabras pueden ser reemplazadas por otras. Se crean nuevos sentidos, se sustituyen unos elementos por otros, etc. Esto ocurre en el lenguaje coloquial, pero la lengua literaria posee un "extrañamiento"; es decir, una gran capacidad para crear desplazamientos originales, de gran belleza estética, que están alejados del lenguaje corriente. Cuando tales desplazamientos ocurren en el nivel de la palabra, hablamos de recursos lexicales (polisemia, sinonimia, etc). Así, un sinónimoes un cuerpo léxico que posee el mismo contenido léxico que la palabra sustituida. Con todo, la coincidencia de significado nunca es completa: funesto/fatal/mortal.
Los tropos apartan o trasladan el contenido léxico originario hacia otro contenido léxico. Los tropos más importantes son: metáfora, metonimia, sinécdoque y símil o comparación. Algunos teóricos incluyen la alegoría, la antonomasia y la sinestesia, entre otros. Veamos los diferentes tipos de recursos semánticos:
Los tropos apartan o trasladan el contenido léxico originario hacia otro contenido léxico. Los tropos más importantes son: metáfora, metonimia, sinécdoque y símil o comparación. Algunos teóricos incluyen la alegoría, la antonomasia y la sinestesia, entre otros. Veamos los diferentes tipos de recursos semánticos:
Alegoría. Expresión de un pensamiento por medio de imágenes, de tal modo que haya correspondencia entre los elementos del plano “real” y del imaginado. Normalmente, se parte de una comparación o de una metáfora. En los versos acrósticos de La Celestina, el autor se compara con una hormiga. Abandona su labor de jurista y pretende lograr éxito con las letras, volando como una hormiga, pero los autores consagrados se ceban con él.
Donde esta pensaba gozar volando
o yo de escribir cobrar más honor,
de lo uno y de lo otro nació disfavor:
de lo uno y de lo otro nació disfavor:
ella es comida y a mí están cortando
reproches, revistas y tachas. Callando
obstara, y los daños de envidia y murmullos;
insisto remando, y los puertos seguros
atrás quedan todos ya cuanto más ando.
Podemos establecer las siguientes correspondencias de sentido:
-hormiga (el autor)
-disfavor (daño sufrido)
-cortando reproches (censuras de los críticos)
-remar (continuar con su labor literaria)
-puertos seguros (su oficio de jurista).
-hormiga (el autor)
-disfavor (daño sufrido)
-cortando reproches (censuras de los críticos)
-remar (continuar con su labor literaria)
-puertos seguros (su oficio de jurista).
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| La Celestina, Akal, 2012 |
Amplificación (“amplificatio”). Desarrollo amplificado de una idea mediante la enumeración de los elementos que intensifican su sentido. Para conseguirlo, los teóricos señalan algunos procedimientos: perífrasis, apóstrofe, prosopopeya, etc. En el ejemplo siguiente, Celestina, quien desea encarecer la tarea realizada para sacar mayor provecho, pondera la idea expresada e incrementa la formulación lingüística cuando relata a Calisto su labor de alcahueta:
Melibea pena por ti más que tú por ella; Melibea te ama y desea ver; Melibea piensa más horas en tu persona que en la suya; Melibea se llama tuya (XI).
Salió de la cárcel con tanta honra que le acompañaron doscientos cardenales, salvo que a ninguno llamaban señoría”.
Anfibología. Relación equívoca entre palabras. El equívoco o doble sentido de un término puede conducir al chiste. Quevedo juega con el doble sentido de “cardenal” (“prelado que compone el colegio consultivo del papa” y “mancha amoratada a consecuencia de un golpe”):
Salió de la cárcel con tanta honra que le acompañaron doscientos cardenales, salvo que a ninguno llamaban señoría”.
Antítesis. Se contrapone una frase o una palabra a otra de significado contrario:
Lloran los justos y gozan los culpables.
Antonomasia: sustitución de un nombre propio por una perífrasis:
Oviedo: la capital de Asturias.
Júpiter: el dios padre y el rey de los hombres.
Apóstrofe. Invocación de modo vehemente a un ser presente o imaginario. Cuando Pleberio ve sola a su hija, se dirige a ella de este modo:
Hija mía, Melibea, ¿qué haces sola? (XX).
Batología o pleonasmo. Repetición de vocablos o expresiones:
Lo vi con mis propios ojos.
Puede tener efectos un tanto molestos por reiterativos:
Bajé abajo. Subí arriba.
Dilogía. Uso de una palabra con dos significados simultáneos. Celestina emplea el vocablo "hilo" con el sentido de "hebra larga y delgada" y con el de "miembro viril". Véase cómo elogia su "mercancía" cuando Alisa, la madre de Melibea, le pregunta por su calidad:
"Delgado como el pelo de la cabeza; igual recio como cuerdas de vihuela; blanco como el copo de la nieve..." (IV).
Disfemismo. Es el término contrario de “eufemismo”.Designa la palabra que se refiere a un concepto con matiz despectivo. Para llamar “borracho” a alguien, se crea el vocablo “abrazafarolas”. Es fuente principal para degradar a una persona. Con el fin de ofender a un supuesto amante del jefe de Gobierno de cierto país, una revista publicó que había sido nombrado
jefe de protoculo.
Énfasis. Da a entender más de lo que se dice o bien obliga a comprender lo que no se dice. En
¡Sus motivos tendrá cuando calla!
se sugiere que alguna razón grave obliga al sujeto a callar, pero no se afirma explícitamente.
Epanortosis. Consiste en volver sobre una expresión formulada para rectificarla:
La encontré en el cine; mejor dicho, en la entrada.
Epifonema. Sentencia que se coloca al final de un proceso de pensamiento:
… Daba sustento.
¡Que tanto puede una mujer que llora! (Lope de Vega).
Epífora. Véase “anáfora”.
Epímone. Se repite enfáticamente una misma palabra:
Noches y días,
días y noches,
noches y días (D. Alonso).
Epíteto. Adjetivo calificativo que subraya una cualidad del nombre sin modificar la extensión o comprensión del sustantivo con el cual concuerda. Suele ir antepuesto.
Blanca nieve, mansa oveja, colorada rosa.
Eufemismo. Consiste en emplear un término agradable para no mencionar otro sucio, inoportuno o molesto. La palabra sustituida es tabú; es decir, está “prohibida” por las convenciones sociales.
Baño por "retrete". Invidente por "ciego". Presión fiscal por "subida de impuestos".
Exclamación. Expresión enérgica de un afecto:
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos! (J. Manrique).
Me duele hasta el aliento (M. Hernández).
Puede combinarse con otros tropos; por ejemplo, con la metáfora:
Corazón de hierro.
Interrogación retórica. Pregunta que no busca respuesta, sino confirmación del mensaje enunciado para darle mayor vigor y eficacia. Pleberio lamenta la muerte de Melibea:
¿Para quién edifiqué torres? ¿Para quién adquirí honras? ¿Para quién planté árboles? ¿Para quién fabriqué navíos? (XXI).
Ironía. Expresión de un contenido burlesco en un enunciado serio. Una forma habitual consiste en dar a entender lo contrario de lo que se afima:
El muy listo suspendió todas las asignaturas.
Cuando la ironía contiene amargura cruel, se denomina “sarcasmo”.
Lítotes. No expresa todo lo que se quiere dar a entender. Se niega lo contrario de aquello que se desea afirmar:
No pequeño = muy grande.
Metáfora. Tropo que consiste en una traslación semántica mediante la cual se identifica un elemento real con otro imaginario o evocado. En
Roldán es un tigre
trasladamos el contenido original de “tigre” (fiera) y lo empleamos en un contenido léxico novedoso: guerrero salvaje. Obviamente, ha de existir un fundamentopara la identificación. En este caso, parece evidente que un guerrero salvaje se parece a un tigre en salvajismo y fiereza.Hay varios tipos de metáfora: pura, en aposición, impresionista...
Metonimia. Tropo que responde a la fórmula pars pro parte; es decir, se indica una realidad con el nombre de otra que está relacionada con ella por motivo de a) instrumento por quien lo maneja, b) autor por obra, c) lugar de origen a producto que de allí procede...
Se casó con el guitarra del grupo.
Es un Rembrandt muy bueno.
Me gusta el cabrales.
Oxímoron. Combinación en una cláusula de dos palabras de significado opuesto, que originan un nuevo sentido:
Silencio atronador. Música callada.
Parábola. Narración simbólica de la que se deduce una verdad o una enseñanza moral. Es muy conocida la parábola del hijo pródigo (Lucas, 15, 11-32). Si tiene sentido de prevención, advertencia o reprensión, se llama “apólogo”.
Mira al avaro; en sus riquezas, pobre.
Parodia. Imitación burlesca de una obra literaria o de un estilo determinado. Muñoz Seca se burla de una rima de Bécquer:
¿Qué es poesía? Dices
mientras clavas en mi pupila
tu pupila marrón.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía soy yo.
mientras clavas en mi pupila
tu pupila marrón.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía soy yo.
Perífrasis. Consiste en dar un rodeo a la expresión, de tal modo que se emplean más vocablos de los necesarios para expresar algo que necesita pocas palabras. También se denomina "circunloquio":
Mis padres: los autores de mis días.
El águila: el pájaro de Júpiter.
Personificación (Prosopopeya). Atribución de cualidades humanas a seres inanimados o a animales:
Símbolo. Signo (objeto, figura, cualidad) que alude a una realidad que no puede ser captada por los sentidos (oído, vista...), ya que pertenece al mundo espiritual, sentimental o abstracto.
El cáñamo gemía y los árboles se quejaban.
Símbolo. Signo (objeto, figura, cualidad) que alude a una realidad que no puede ser captada por los sentidos (oído, vista...), ya que pertenece al mundo espiritual, sentimental o abstracto.
Este buitre voraz... me devora las entrañas.
Unamuno utilizaba al buitre para aludir a la angustia existencial. Para Bécquer, el arpa representaba el genio creador del artista; Ofelia era símbolo de dolor y ternura (rimas VI y VII); para Machado, el camino simbolizaba la vida, etc. Los símbolos suelen permanecer fijos en las distintas culturas.
Una bandera = un país.
La paloma = la paz.
Símil. Analogía o parecido entre un hecho real y otro imaginado. Suelen aparecer ambos conectados por una partícula. Este tropo recibe asimismo el nombre de comparación. Para subrayar la fiereza de Acrón, un guerrero, lo emplea Virgilio en la Eneida (X, 720 y ss.):
Acrón... rojo en las plumas... como el león hambriento.
Ejemplo de formulación breve, sin partícula de unión (Eneida, X, 602-3):
Así llenaba de muerte los campos el caudillo
dardanio, loco a la manera de un torrente de agua.
Sinécdoque. Tropo que consiste en un desplazamiento de la denominación de la realidad indicada, bien traspasando los límites del concepto o bien no traspasándolos. El plano conceptual contiene varios límites que pueden verse afectados por la sinécdoque: la especie por el género, la parte por el todo, el producto acabado por la materia prima, el singular por el plural... En estos ejemplos, se designa una realidad con el nombre de otra con la que guarda una relación de inclusión:
Una parte por el todo: mil cabezas de ganado.
El continente por el contenido: se comió tres platos.
El todo por la parte: la ciudad salió a despedirlo.
Sinestesia. Tropo que vincula dos sensaciones que son percibidas por sentidos diferentes:
Color chillón. Escucho con mis ojos a los muertos (Quevedo).




