viernes, 24 de febrero de 2012

Poesía del Grupo del 27

Poesía del Grupo del 27
Introducción 




En 1927, se celebró el tercer centenario de la muerte de Góngora (1561-1627). Por tanto, se le dedicaron varios homenajes. Algunos jóvenes poetas (Alberti, García Lorca, Guillén, Dámaso Alonso y Gerardo Diego) participaron en una serie de actos que tuvieron lugar en el ateneo de Sevilla, donde también estaban presentes Juan Chabás y José Bergamín. A las conferencias asistió Luis Cernuda, quien llegó a ser uno de los miembros principales de la que posteriormente sería denominada “Generación del 27”.
I

Pedro Salinas
1
PARA vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
"Yo te quiero, soy yo".

La voz a ti debida, Madrid, Castalia, 1974, págs. 63-64.

2
PERDÓNAME por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan solo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eras.

Ibidem, págs. 93-94.
Pedro Salinas (1891-1951)
Es uno de los poetas más representativos de la Generación o Grupo del 27. En 1933, publica La voz a ti debida. En este libro de poemas amorosos, se observa una línea que va desde el nacimiento de la pasión (con tiempos verbales en presente y en futuro) hasta la despedida (con verbos en pretérito). En este poema, Salinas muestra el deseo de conocer lo mejor de la mujer amada. Con ese fin, la invita a renunciar a los aspectos menos agradables de su personalidad para lograr la plenitud de su ser. Sin embargo, el esfuerzo, que resultará doloroso en algunas ocasiones, permitirá el mejoramiento y renovación de la persona amada.

II
Jorge Guillén
Muerte a lo lejos
Je soutenais l´éclat de la mort toute poure
VALÉRY

Alguna vez me angustia una certeza,
Y ante mí se estremece mi futuro.
Acechándolo está de pronto un muro
Del arrabal final en que tropieza

La luz del campo. ¿Mas habrá tristeza
Si la desnuda el sol? No, no hay apuro
Todavía. Lo urgente es el maduro
Fruto. La mano ya lo descorteza.

... Y un día entre los días el más triste
Será. Tenderse deberá la mano
Sin afán. Y acatando el inminente

Poder diré sin lágrimas: embiste,
Justa fatalidad. El muro cano
Va a imponerme su ley, no su accidente.

Cántico, Barcelona, Barral Editores, 1977, pág. 291.

Jorge Guillén (1893-1984) 
Es una figura muy destacada de la Generación del 27. Desde 1928 hasta 1950 reunió sus poemas en un libro titulado Cántico, título muy significativo de esa etapa de su producción literaria, puesto que dicho nombre indica "exaltación". En los libros sagrados, el cántico es una composición poética en que sublime y arrebatadamente se dan gracias o tributan alabanzas a Dios; p. ej., los Cánticos de Moisés, el Tedeum, el Magníficat, etc. De hecho, la poesía de Guillén es una expresión de júbilo por estar y sentirse vivo. Más tarde, sin embargo, el poeta comenzará un libro nuevo -Clamor-, en el cual mostrará un concepto de la vida bastante diferente.

III

Gerardo Diego
El ciprés de Silos
Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

   Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

   Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

Versos humanos, 1925, en J. F. Ruiz Casanova, ed., Antología Cátedra de Poesía de las Letras Hispánicas, Madrid, Cátedra, págs. 624-5.

Gerardo Diego (1896-1987)
Uno de los poetas más fecundos del Grupo. Su obra es de gran variedad formal y temática. Los movimientos de vanguardia (ultraísmo y creacionismo, en particular) influyeron mucho en su producción, pero también son visibles la huella de Góngora, los modelos clásicos y los populares. Algunas de sus obras más importantes son, aparte de la citada, Imagen (1922), llena de juegos ultraístas, y Manual de espumas (1924).
IV
Federico García Lorca
Canciones
Malestar y noche 
Abejaruco.
En tus árboles oscuros.
Noche de cielo balbuciente
y aire tartamudo.

Tres borrachos eternizan
sus gestos de vino y luto.
Los astros de plomo giran
sobre un pie.
                          Abejaruco.
En tus árboles oscuros.

Dolor de sien oprimida
con guirnalda de minutos.
¿Y tu silencio? Los tres
borrachos cantan desnudos.
Pespunte de seda virgen
tu canción.

                         Abejaruco.
Uco uco uco uco.
                        Abejaruco.
En Obras completas, Madrid, Aguilar, 1974, I, pág. 360.



Romancero gitano
1
Romance de la luna, luna
                                                           A Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.


Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.


¡Cómo canta la zumaya,                                                      
ay cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

En O.C., I, págs. 393-394.
2
Preciosa y el aire
A Dámaso Alonso
Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene,
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.

En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.

Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.
*
Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento, que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira a la niña tocando
una dulce gaita ausente.
Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.
Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.
Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.
¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por donde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.
*
Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.
Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.
El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.
Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.
En O.C., I, págs. 395-396.

3
Reyerta
                        A Rafael Méndez
En la mitad del barranco
las navajas de Albacete,
bellas de sangre contraria,
relucen como los peces.
Una dura luz de naipe
recorta en el agrio verde
caballos enfurecidos
y perfiles de jinetes.
En la copa de un olivo
lloran dos viejas mujeres.
El toro de la reyerta
se sube por la paredes.
Ángeles negros traían
pañuelos y agua de nieve.
Ángeles con grandes alas
de navajas de Albacete.
Juan Antonio el de Montilla
rueda muerto la pendiente
su cuerpo lleno de lirios
y una granada en las sienes.
Ahora monta cruz de fuego,
carretera de la muerte.

*

El juez, con guardia civil,
por los olivares viene.
Sangre resbalada gime
muda canción de serpiente.
Señores guardias civiles:
aquí pasó lo de siempre.
Han muerto cuatro romanos
y cinco cartagineses

*

La tarde loca de higueras
y de rumores calientes
cae desmayada en los muslos
heridos de los jinetes.
Y ángeles negros volaban
por el aire del poniente.
Ángeles de largas trenzas
y corazones de aceite.

En O.C., I, págs. 398-399.
4
Romance sonámbulo
                        A Gloria Giner de los Ríos y a Fernando de los Ríos
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
                        *
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
                        *
Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
                        *
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.
                        *

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
                        *
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

En O.C., I, págs. 400-401.
5
La monja gitana
                                   A José Moreno Villa
Silencio de cal y mirto.
Malvas en las hierbas finas.
La monja borda alhelíes
sobre una tela pajiza.
Vuelan en la araña gris,
siete pájaros del prisma.
La iglesia gruñe a lo lejos
como un oso panza arriba.
¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia!
Sobre la tela pajiza,
ella quisiera bordar
flores de su fantasía.
¡Qué girasol! ¡Qué magnolia
de lentejuelas y cintas!
¡Qué azafranes y qué lunas,
en el mantel de la misa!
Cinco toronjas se endulzan
en la cercana cocina.
Las cinco llagas de Cristo
cortadas en Almería.
Por los ojos de la monja
galopan dos caballistas.
Un rumor último y sordo
le despega la camisa,
y al mirar nubes y montes
en las yertas lejanías,
se quiebra su corazón
de azúcar y yerbaluisa.
¡Oh!, qué llanura empinada
con veinte soles arriba.
¡Qué ríos puestos de pie
vislumbra su fantasía!
Pero sigue con sus flores,
mientras que de pie, en la brisa,
la luz juega al ajedrez
alto de la celosía.
 En O.C., I, págs. 404-405.
6

La casada infiel 

                                               A Lydia Cabrera y a su negrita
Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

                 *
Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena,
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.
                 *
Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

En O.C., I, págs. 406-407.

Federico García Lorca (1898-1936)
La figura más famosa de su generación. Si hemos de creer los recuerdos de aquellas personas que lo conocieron, fue un hombre de una personalidad arrolladora. Escribió poesía y teatro. El poema Malestar y noche pertenece a Canciones; los demás, a Romancero gitano. En sus primeras composiciones, se notan ya algunos temas característicos: la frustración, la muerte... En una conferencia que pronunció en 1926, afirmó que algunas imágenes de los poemas del Romancero son imposibles de explicar. En concreto, sobre el Romance sonámbulo, dijo: "nadie sabe lo que pasa, ni aun yo, porque el misterio poético es también misterio para el poeta que lo comunica, pero que muchas veces lo ignora".

V
Rafael Alberti

   Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
   Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.
   Creyó que el mar era el cielo;
que la noche, la mañana.
Se equivocaba.
   Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.
   Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.
   (Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama).

En Marina Mayoral, Análisis de textos, Madrid, Gredos, 1977, pág. 197.

Rafael Alberti (1902-1999) 
Otro de los grandes poetas del Grupo del 27. En su obra literaria, caben los elementos populares y los cultos, las huellas del surrealismo y la poesía política, los recuerdos  marinos y la añoranza de su infancia. En 1924, obtuvo el Premio Nacional de Literatura con su obra Marinero en tierra. Alberti también cultivó el teatro: El adefesio, Noche de guerra en el museo del Prado... Sus memorias -La arboleda perdida- constituyen una lectura imprescindible y deliciosa para comprender mejor aquella época.

VI

Luis Cernuda

A mis paisanos (fragmento)

No me queréis, lo sé, y que os molesta
Cuanto escribo. ¿Os molesta? Os ofende.
(...)
Contra vosotros y esa vuestra ignorancia voluntaria,
Vivo aún, sé y puedo, si así quiero, defenderme.
Pero aguardáis al día cuando ya no me encuentre
Aquí. Y entonces la ignorancia,
La indiferencia y el olvido, vuestras armas
De siempre, sobre mí caerán, como la piedra,
Cubriéndome por fin, lo mismo que cubristeis
A otros que, superiores a mí, esa ignorancia vuestra
Precipitó en la nada, como el gran Aldana.
(...)
Mas no todos igual trato me dais,
Que amigos tengo aún entre vosotros,
Doblemente queridos (...).
A ellos
Vaya así mi afecto agradecido.


Donde habite el olvido

Yo fui

Yo fui.



Columna ardiente, luna de primavera,

Mar dorado, ojos grandes.


Busqué lo que pensaba;

Pensé, como al amanecer en sueño lánguido,

Lo que pinta el deseo en días adolescentes.

Canté, subí,

Fui luz un día

Arrastrado en la llama.

Como un golpe de viento

Que deshace la sombra,

Caí en lo negro,

En el mundo insaciable.


He sido.

Luis Cernuda (1904-1963)

La obra de este poeta gira en torno al conflicto sempiterno entre la dura realidad y los deseos humanos. Para buscar una salida a un problema semejante, Cernuda encontró en el olvido su tabla de salvación. El poema “Yo fui” está precisamente incluido en el poemario Donde habite el olvido (1932-1933). García Lorca elogió de este modo a Cernuda: “No habrá escritor en España, de la clase que sea, si es realmente escritor, manejador de palabras, que no quede admirado del encanto y refinamiento con que Luis Cernuda une los vocablos para crear un mundo poético propio”. Desde 1936, Cernuda reunió sus poemas en un libro: La realidad y el deseo. El poema A sus paisanos manifiesta el rencor que algunos guardaron de modo inexplicable a esta figura excepcional de nuestra poesía.

9 comentarios:

  1. Hola Jesús!
    Vaya... ya has escrito más que todos juntos, jajaja! Sigue así! Se nota que te gusta el tema.

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    1. La verdad es que me lo paso pipa. Gracias por el comentario. Voy a ver si puedo corresponder.

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  2. Hola Jesús. Mira, he hecho un enlace que me lleva al post de "Subordinación". A ver si lo ves bien: PINCHA AQUÍ

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    1. Muchas gracias. Ahora no puedo, pero lo intentaré más tarde. Un cordial saludo. Suso.

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  3. You are so kind. But don´t flatter me. Cheerio

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  4. Bueno... este blog promete mucho!!!

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  5. Bueno bueno eso es level. !Mother of the beautiful love What a level !! con un video y todo. Bueno pues a ver si he hecho bien los deberes o hay que hacer algo más. Hablamos.

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  6. Hola Jesus,la verdad es que la poesía no sé apreciarla en su justa medida,pero muchas veces cuando la escucho hecha canción me llega a emocionar.Es el caso del poema de Alberti,que lo conozco desde hace muchos años a través de Serrat.
    Se equivocó la paloma
    Se equivocaba.

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  7. Te dejo un poema de Rubén Darío que me gusta mucho,lo descubrí en un disco de mi admirado Enrique Bunbury(por cierto "Bunbury" está sacado de un personaje de "La importancia de llamarse Ernesto").
    No sé si lo conoces,en todo caso lo comparto contigo que es gratis,y espero que te guste.
    Saludos...

    QUE EL AMOR NO ADMITE CUERDAS REFLEXIONES
    (A la manera de Santa Fe)

    Señora, Amor es violento,
    y cuando nos transfigura
    nos enciende el pensamiento
    la locura.

    No pidas paz a mis brazos
    que a los tuyos tienen presos:
    son de guerra mis abrazos
    y son de incendio mis besos;
    y sería vano intento
    el tornar mi mente obscura
    si me enciende el pensamiento
    la locura.

    Clara está la mente mía
    de llamas de amor, señora,
    como la tienda del día
    o el palacio de la aurora.
    Y el perfume de tu ungüento
    te persigue mi ventura,
    y me enciende el pensamiento
    la locura.

    Mi gozo tu paladar
    rico panal conceptúa,
    como en el santo Cantar:
    Mel et lac sub lingua tua.
    La delicia de tu aliento
    en tan fino vaso apura,
    y me enciende el pensamiento
    la locura.

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