jueves, 29 de marzo de 2012

Textos




1. Antonio Ros de Olano

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Ros de Olano (1808-1886)

El penado
 –¡Ay del ay que al alma llega!.
Por matar a una mujer
incurrí en la última pena;
mas trocó el rey la condena,
y mi vida es padecer
amarrado a una cadena…
–¡Ay del ay que al alma llega!
Me quitó el juez mi caballo;
el alguacil, la vihuela.
Me quitaron lo que callo…
¡Regalo de ella, y no hallo
memoria que más me duela!
–¡Ay del ay que al alma llega!
¡Camposanto de Jerez,
si ella en ti resucitara
y a mí me soltase el juez,
la mataría otra vez,
antes de verle la cara!
–¡Ay del ay que al alma llega,
por matar a una mujer!


2. Gustavo Adolfo Bécquer

Bécquer (1836-1870)
 
 Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
sin adivinarse dónde
temblando se clavará;

hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde a caer volverá;

gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y no sabe
qué playas buscando va;

luz que en cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar,
ignorándose cuál de ellos
el último brillará;

eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo, sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.

3. Rosalía de Castro
(1837-1885) 
 Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros

            Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni la onda con sus rumores, ni con su brillo los astros.
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre, cuando yo paso,
de mí murmuran y exclaman:
            –Ahí va la loca, soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
            –Hay canas en mi cabeza; hay en los prados escarcha;
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de la vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
            ¡Astros y fuentes y flores!, no murmuréis de mis sueños:
sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?


4. Benito Pérez Galdós


1843-1920
          
  Tristana

            El problema de mi vida me anonada más cuanto más pienso en él. Quiero ser algo en el mundo, cultivar un arte, vivir de mí misma. El desaliento me abruma. ¿Será verdad, Dios mío, que pretendo un imposible? Quiero tener una profesión, y no sirvo para nada, ni sé nada de cosa alguna. Esto es horrendo.
            Aspiro a no depender de nadie ni del hombre que adoro. No quiero ser su manceba, tipo innoble, la hembra que mantienen algunos individuos para que les divierta, como un perro de caza; ni tampoco que el hombre de mis ilusiones se me convierta en marido. No veo la felicidad en el matrimonio. Quiero, para expresarlo a mi manera, estar casada conmigo misma, y ser mi propia cabeza de familia. No sabré amar por obligación; solo en la libertad comprendo mi fe constante y mi adhesión sin límites. Protesto, me da la gana de protestar contra los hombres, que se han cogido todo el mundo por suyo, y no nos han dejado a nosotras más que las veredas estrechitas por donde ellos no saben andar.


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5. Rubén Darío
1867-1916


Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

"El Toqui, el Toqui", clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: "Basta",
e irguiose la alta frente del gran Caupolicán.


 
Lo fatal

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

2 comentarios:

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  2. Hola Jesus,ya que hemos analizado en clase el poema de Caupolicán(Azul) y en breve haremos lo mismo con Lo fatal(Cantos de vida y esperanza)quería hacerte una petición o sugerencia.Analizar en clase el poema que te dejé en un comentario anterior que pertenece a "Prosas profanas" y que yo conocí en forma de canción de Enrique Bunbury,y así completar las tres obras más importantes de este genio nicaraguense.
    No sé si aceptas peticiones del alumno,pero yo lo dejo ahí jeje...
    Gracias.

    DEZIRES, LAYES Y CANCIONES

    QUE EL AMOR NO ADMITE CUERDAS REFLEXIONES
    (A la manera de Santa Fe)

    Señora, Amor es violento,
    y cuando nos transfigura
    nos enciende el pensamiento
    la locura.

    No pidas paz a mis brazos
    que a los tuyos tienen presos:
    son de guerra mis abrazos
    y son de incendio mis besos;
    y sería vano intento
    el tornar mi mente obscura
    si me enciende el pensamiento
    la locura.

    Clara está la mente mía
    de llamas de amor, señora,
    como la tienda del día
    o el palacio de la aurora.
    Y el perfume de tu ungüento
    te persigue mi ventura,
    y me enciende el pensamiento
    la locura.

    Mi gozo tu paladar
    rico panal conceptúa,
    como en el santo Cantar:
    Mel et lac sub lingua tua.
    La delicia de tu aliento
    en tan fino vaso apura,
    y me enciende el pensamiento
    la locura.


    Rubén Darío, 1899



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