domingo, 29 de abril de 2012

Figuras retóricas (II)



Introducción

Si nos acercamos a la primera epopeya literaria de la Humanidad, el poema del sumerio Gilgamesh, observaremos que antiguamente ya se empleaban diferentes recursos fónicos, sintácticos y semánticos para representar bellamente ideas, sentimientos o imaginaciones.




Gilgamesh, Ediciones Akal, 2012
No es de extrañar, por tanto, que en Grecia y Roma se estudiasen los procedimientos para la creación de discursos y textos. La Retórica escolar se ocupaba de enseñar las reglas que debían seguir en sus arengas abogados y políticos. Se consideraba que cualquier discurso debía cumplir determinados pasos para que resultase eficaz: la invención (inventio), el ordenamiento (dispositio), el ornato o adorno (elocutio), el recuerdo de los elementos en un orden específico (memoria) y la acción o entonación adecuada (actio).
Para construir un discurso o un texto, es preciso contar con los materiales adecuados (inventándolos), disponerlos después en un orden determinado y adornarlos. La memoria ayuda a recordar el texto sin leerlo. Se ejecutaba el discurso entonándolo conforme al receptor o al sitio donde se pronunciase.

En el medio judicial, siempre se han valorado los diferentes recursos retóricos, puesto que muchas veces la vida de una persona depende de la capacidad oral que tenga un abogado para impresionar al juez o conmover al público. Por tanto, ¿qué mejor manera de seducir al auditorio que emplear un lenguaje adornado y elegante? Entre los recursos que los oradores han utilizado habitualmente, destacan las figuras retóricas.

Ahora bien, la Retórica no está recluida en ambientes legales o en círculos literarios, ya que se trata de un sistema de formas conceptuales y lingüísticas que sirven para que cualquier hablante logre un efecto determinado en una situación concreta. De esta manera, si deseo ponderar el hambre que sufre alguien, me valdré de una hipérbole (“está muerto de hambre”); si quiero ofender a un enemigo, emplearé una metáfora (“Fulano es una víbora”), etc.

Cualquier discurso está sujeto a la gramática y a la retórica. La gramática es el sistema que regula la corrección idiomática; es el arte de hablar correctamente (ars recte loquendi). La retórica es el sistema de reglas que garantiza el éxito de la persuasión; es el arte de hablar bien (ars bene dicendi).  

El adorno (elocutio) afecta a las palabras aisladas (verba singula) y a las palabras enlazadas (verba coniuncta). Las expresiones lingüísticas con que se adornan los materiales que conforman un discurso o un texto pueden emplear recursos fónicos, morfosintácticos semánticos, según utilicen los sonidos de la lengua para crear un determinado efecto (fónicos); se produzcan al modificar el orden en la oración o al repetir, suprimir o añadir vocablos (morfosintácticos); o afecten al contenido de las palabras cambiando su sentido de un modo u otro (semánticos).

Los recursos fónicos y morfosintácticos aparecen en  la entrada Figuras retóricas (I).

Recursos semánticos


Las palabras pueden ser reemplazadas por otras. Se crean nuevos sentidos, se sustituyen unos elementos por otros, etc. Esto ocurre en el lenguaje coloquial, pero la lengua literaria posee un "extrañamiento"; es decir, una gran capacidad para crear desplazamientos originales, de gran belleza estética, que están alejados del lenguaje corriente. Cuando tales desplazamientos ocurren en el nivel de la palabra, hablamos de recursos lexicales (polisemia, sinonimia, etc). Así, usinónimoes un cuerpo léxico que posee el mismo contenido léxico que la palabra sustituida. Con todo, la coincidencia de significado nunca es completa: funesto/fatal/mortal.
Los tropos apartan o trasladan el contenido léxico originario hacia otro contenido léxico. Los tropos más importantes son: metáfora, metonimia, sinécdoque y símil o comparación. Algunos teóricos incluyen la alegoría, la antonomasia y la sinestesia, entre otros. Veamos los diferentes tipos de recursos semánticos:
Alegoría. Expresión de un pensamiento por medio de imágenes, de tal modo que haya correspondencia entre los elementos del plano “real” y del imaginado. Normalmente, se parte de una comparación o de una metáfora. En los versos acrósticos de La Celestina, el autor se compara con una hormiga. Abandona su labor de jurista y pretende lograr éxito con las letras, volando como una hormiga, pero los autores consagrados se ceban con él.
Donde esta pensaba gozar volando
yo de escribir cobrar más honor,
de lo uno y de lo otro nació disfavor:
ella es comida y a mí están cortando
reproches, revistas y tachas. Callando
obstara, y los daños de envidia y murmullos;
insisto remando, y los puertos seguros
atrás quedan todos ya cuanto más ando.

Podemos establecer las siguientes correspondencias de sentido:
-hormiga (el autor)
-disfavor (daño sufrido)
-cortando reproches (censuras de los críticos)
-remar (continuar con su labor literaria)
-puertos seguros (su oficio de jurista).

La Celestina, Akal, 2012
Amplificación (“amplificatio”). Desarrollo amplificado de una idea mediante la enumeración de los elementos que intensifican su sentido. Para conseguirlo, los teóricos señalan algunos procedimientos: perífrasis, apóstrofe, prosopopeya, etc. En el ejemplo siguiente, Celestina, quien desea encarecer la tarea realizada para sacar mayor provecho, pondera la idea expresada e incrementa la formulación lingüística cuando relata a Calisto su labor de alcahueta:

Melibea pena por ti más que tú por ella; Melibea te ama y desea ver; Melibea piensa más horas en tu persona que en la suya; Melibea se llama tuya (XI).
Anfibología. Relación equívoca entre palabras. El equívoco o doble sentido de un término puede conducir al chiste. Quevedo juega con el doble sentido de “cardenal” (“prelado que compone el colegio consultivo del papa” y “mancha amoratada a consecuencia de un golpe”):

Salió de la cárcel con tanta honra que le acompañaron doscientos cardenales, salvo que a ninguno llamaban señoría”.
Antítesis. Se contrapone una frase o una palabra a otra de significado contrario:

Lloran los justos y gozan los culpables.
Antonomasia: sustitución de un nombre propio por una perífrasis:

Oviedo: la capital de Asturias.
Júpiter: el dios padre y el rey de los hombres.
Apóstrofe. Invocación de modo vehemente a un ser presente o imaginario. Cuando Pleberio ve sola a su hija, se dirige a ella de este modo:

Hija mía, Melibea, ¿qué haces sola? (XX).

Batología o pleonasmo. Repetición de vocablos o expresiones:

Lo vi con mis propios ojos.

Puede tener efectos un tanto molestos por reiterativos:

Bajé abajo. Subí arriba.

Dilogía. Uso de una palabra con dos significados simultáneos. Celestina emplea el vocablo "hilo" con el sentido de "hebra larga y delgada" y con el de "miembro viril". Véase cómo elogia su "mercancía" cuando Alisa, la madre de Melibea, le pregunta por su calidad:
"Delgado como el pelo de la cabeza; igual recio como cuerdas de vihuela; blanco como el copo de la nieve..." (IV).
Disfemismo. Es el término contrario de “eufemismo”.Designa la palabra que se refiere a un concepto con matiz despectivo. Para llamar “borracho” a alguien, se crea el vocablo “abrazafarolas”. Es fuente principal para degradar a una persona. Con el fin de ofender a un supuesto amante del jefe de Gobierno de cierto país, una revista publicó que había sido nombrado
jefe de protoculo.
Énfasis. Da a entender más de lo que se dice o bien obliga a comprender lo que no se dice. En

¡Sus motivos tendrá cuando calla!
se sugiere que alguna razón grave obliga al sujeto a callar, pero no se afirma explícitamente.

Epanortosis. Consiste en volver sobre una expresión formulada para rectificarla:
La encontré en el cine; mejor dicho, en la entrada.
Epifonema. Sentencia que se coloca al final de un proceso de pensamiento:

… Daba sustento.
¡Que tanto puede una mujer que llora! (Lope de Vega).

Epífora. Véase “anáfora”.

Epímone. Se repite enfáticamente una misma palabra:

Noches y días,
días y noches,
noches y días (D. Alonso).
Epíteto. Adjetivo calificativo que subraya una cualidad del nombre sin modificar la extensión o comprensión del sustantivo con el cual concuerda. Suele ir antepuesto.

Blanca nieve, mansa oveja, colorada rosa.
Eufemismo. Consiste en emplear un término agradable para no mencionar otro sucio, inoportuno o molesto. La palabra sustituida es tabú; es decir, está “prohibida” por las convenciones sociales.
Baño por "retrete". Invidente por "ciego". Presión fiscal por "subida de impuestos".



Exclamación. Expresión enérgica de un afecto:
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos! (J. Manrique).

Hipérbole. Es una ponderación desmesurada, una amplificación creciente.
Me duele hasta el aliento (M. Hernández).
Puede combinarse con otros tropos; por ejemplo, con la metáfora:
Corazón de hierro.
Interrogación retórica. Pregunta que no busca respuesta, sino confirmación del mensaje enunciado para darle mayor vigor y eficacia. Pleberio lamenta la muerte de Melibea:
¿Para quién edifiqué torres? ¿Para quién adquirí honras? ¿Para quién planté árboles? ¿Para quién fabriqué navíos? (XXI). 
Ironía. Expresión de un contenido burlesco en un enunciado serio. Una forma habitual consiste en dar a entender lo contrario de lo que se afima:
El muy listo suspendió todas las asignaturas.

Cuando la ironía contiene amargura cruel, se denomina “sarcasmo”.
Lítotes. No expresa todo lo que se quiere dar a entender. Se niega lo contrario de aquello que se desea afirmar:

No pequeño = muy grande.
MetáforaTropo que consiste en una traslación semántica mediante la cual se identifica un elemento real con otro imaginario o evocado. En
Roldán es un tigre
trasladamos el contenido original de “tigre” (fiera) y lo empleamos en un contenido léxico novedoso: guerrero salvaje. Obviamente, ha de existir un fundamentopara la identificación. En este caso, parece evidente que un guerrero salvaje se parece a un tigre en salvajismo y fiereza.

Hay varios tipos de metáfora: pura, en aposición, impresionista...

Metonimia. Tropo que responde a la fórmula pars pro parte; es decir, se indica una realidad con el nombre de otra que está relacionada con ella por motivo de a) instrumento por quien lo maneja, b) autor por obra, c) lugar de origen a producto que de allí procede...
Se casó con el guitarra del grupo.
Es un Rembrandt muy bueno.
Me gusta el cabrales.
Oxímoron. Combinación en una cláusula de dos palabras de significado opuesto, que originan un nuevo sentido:
Silencio atronador. Música callada.
Parábola. Narración simbólica de la que se deduce una verdad o una enseñanza moral. Es muy conocida la parábola del hijo pródigo (Lucas, 15, 11-32). Si tiene sentido de prevención, advertencia o reprensión, se llama “apólogo”.

Paradoja. Consiste en utilizar frases o expresiones que envuelven contradicción:
Mira al avaro; en sus riquezas, pobre.

Parodia. Imitación burlesca de una obra literaria o de un estilo determinado. Muñoz Seca se burla de una rima de Bécquer:
¿Qué es poesía? Dices
mientras clavas en mi pupila
tu pupila marrón.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía soy yo.
Perífrasis. Consiste en dar un rodeo a la expresión, de tal modo que se emplean más vocablos de los necesarios para expresar algo que necesita pocas palabras. También se denomina "circunloquio":
Mis padres: los autores de mis días.
El águilael pájaro de Júpiter.
Personificación (Prosopopeya). Atribución de cualidades humanas a seres inanimados o a animales:
El cáñamo gemía y los árboles se quejaban.

Símbolo. Signo (objeto, figura, cualidad) que alude a una realidad que no puede ser captada por los sentidos (oído, vista...), ya que pertenece al mundo espiritual, sentimental o abstracto.

Este buitre voraz... me devora las entrañas.
Unamuno utilizaba al buitre para aludir a la angustia existencial. Para Bécquer, el arpa representaba el genio creador del artista; Ofelia era símbolo de dolor y ternura (rimas VI y VII); para Machado, el camino simbolizaba la vida, etc. Los símbolos suelen permanecer fijos en las distintas culturas.
Una bandera = un país.
La paloma = la paz.
Símil. Analogía o parecido entre un hecho real y otro imaginado. Suelen aparecer ambos conectados por una partícula. Este tropo recibe asimismo el nombre de comparación. Para subrayar la fiereza de Acrón, un guerrero, lo emplea Virgilio en la Eneida (X, 720 y ss.):
Acrón... rojo en las plumas... como el león hambriento.
Ejemplo de formulación breve, sin partícula de unión (Eneida, X, 602-3):
Así llenaba de muerte los campos el caudillo
dardanio, loco a la manera de un torrente de agua.

Sinécdoque. Tropo que consiste en un desplazamiento de la denominación de la realidad indicada, bien traspasando los límites del concepto o bien no traspasándolos. El plano conceptual contiene varios límites que pueden verse afectados por la sinécdoque: la especie por el género, la parte por el todo, el producto acabado por la materia prima, el singular por el plural... En estos ejemplos, se designa una realidad con el nombre de otra con la que guarda una relación de inclusión:
Una parte por el todo: mil cabezas de ganado.
El continente por el contenido: se comió tres platos.
El todo por la parte: la ciudad salió a despedirlo.
Sinestesia. Tropo que vincula dos sensaciones que son percibidas por sentidos diferentes:
Color chillónEscucho con mis ojos a los muertos (Quevedo).


domingo, 22 de abril de 2012

Figuras retóricas (I)


Introducción

Si nos acercamos a la primera epopeya literaria de la Humanidad, el poema del sumerio Gilgamesh, observaremos que ya se empleaban diferentes recursos fónicos, sintácticos y semánticos para embellecer el periodo oracional, enfatizar pasiones o expresar sentimientos.
Gilgamesh, Ediciones Akal
En la Antigüedad, se estudiaban los procedimientos para la creación de discursos y textos. La Retórica escolar se ocupaba de enseñar las reglas que debían seguir en sus arengas abogados y políticos. Se consideraba que cualquier discurso debía cumplir determinados pasos para que resultase eficaz: la invención (inventio), el ordenamiento (dispositio), el ornato o adorno (elocutio), el recuerdo de los elementos en un orden específico (memoria) y la acción o entonación adecuada (actio).

Para construir un discurso o un texto, es preciso contar con los materiales adecuados (inventándolos), disponerlos después en un orden determinado y adornarlos. La memoria ayuda a recordar el texto sin leerlo. Se ejecutaba el discurso entonándolo conforme al receptor o al sitio donde se pronunciase.

En el medio judicial, siempre se han valorado los diferentes recursos retóricos, puesto que muchas veces la vida de una persona depende de la capacidad oral que tenga un abogado para impresionar al juez o conmover al público. Por tanto, ¿qué mejor manera de seducir al auditorio que emplear un lenguaje adornado y elegante? Entre los recursos que los oradores han utilizado habitualmente, destacan las figuras retóricas.

Ahora bien, la Retórica no está recluida en ambientes legales o en círculos literarios, ya que se trata de un sistema de formas conceptuales y lingüísticas que sirven para que cualquier hablante logre un efecto determinado en una situación concreta. De esta manera, si deseo ponderar el hambre que sufre alguien, me valdré de una hipérbole (“está muerto de hambre”); si quiero ofender a un enemigo, emplearé una metáfora (“Fulano es una víbora”), etc.

Cualquier discurso está sujeto a la gramática y a la retórica. La gramática es el sistema que regula la corrección idiomática; es el arte de hablar correctamente (ars recte loquendi). La retórica es el sistema de reglas que garantiza el éxito de la persuasión; es el arte de hablar bien (ars bene dicendi).  

El adorno (elocutio) afecta a las palabras aisladas (verba singula) y a las palabras enlazadas (verba coniuncta). Las expresiones lingüísticas con que se adornan los materiales que conforman un discurso o un texto pueden emplear recursos fónicos, morfosintácticos y semánticos, según utilicen los sonidos de la lengua para crear un determinado efecto (fónicos); se produzcan al modificar el orden en la oración o al repetir, suprimir o añadir vocablos (morfosintácticos); o afecten al contenido de las palabras cambiando su sentido de un modo u otro (semánticos).

Recursos fónicos

La repetición de fonemas puede ayudar a la creación de efectos determinados o impresiones.


 Aliteración. Consiste en la repetición de un sonido o de una serie de sonidos en una palabra o en un enunciado:

    El ala aleve del leve abanico.
    Anagrama. Palabra o grupo de palabras que están formadas al ordenar nuevamente las letras que constituyen una u otras:
Isabel: Belisa.

Lope de Vega Carpio: Gabriel Padecopeo. 
Cacofonía. Discordancia que resulta de la falta de armonía de varios sonidos que provocan un efecto acústico desagradable:

Descubierto habéis la caca

con las cacas que cantáis (Quevedo). 

Calambur. Fenómeno que se produce cuando las sílabas de una o más palabras, agrupadas de otra manera, sugieren un sentido diferente. Ejemplo famoso es el de Quevedo. Se dice que apostó a que era capaz de decirle a la reina que era coja sin que esta se enterase. Tomó un clavel y una rosa y se los ofreció al tiempo que decía:

Entre flores y rosas, su majestad escoja.

Escoja-es coja.

Onomatopeya. Imitación de un sonido real mediante los fonemas que más o menos lo reproducen:

El quiquiriquí del gallo.

¿Para quién son estas serpientes que silban sobre su cabeza?

Donde la repetición de /s/ sugiere acústicamente el sonido de las serpientes.
Palindromo: frase que puede ser leída en sentido inverso sin sufrir cambios:

Se es o no se es.

Es ejemplo famoso, aunque no perfecto: Dábale arroz a la zorra el abad.

Paronomasia. Abundancia en la frase de palabras de sonido parecido:

Quien parte y reparte se lleva la mejor parte.

De su novio hará novillo (Quevedo).


Reduplicación. Repetición de algún sonido de una palabra o del vocablo entero:

Gerineldo, Gerineldo,

paje del rey tan querido (romance).

Similicadencia: igualdad fónica de las terminaciones (tónicas o átonas) de las últimas palabras de la frase. La figura ha pasado como “rima” a la poesía:

Audaciter territas, humiliter placas (Cicerón).

           
Recursos morfosintácticos

Desarticulan y cambian la estructura de la frase añadiendo elementos, cambiando el orden o suprimiéndolos.
Anacoluto. Consiste en una construcción irregular de la frase de tal modo que se olvida la coherencia gramatical. También se denomina “solecismo”:

El que busca lo imposible es justo que lo posible se le niegue (Quijote, I, XXXIII).
Anadiplosis. Repetición de la última parte de un verso o de un grupo sintáctico al comienzo del siguiente:

Oye, no temas, y a mi  ninfa dile,

dile que muero (Villegas).
Anáfora. Repetición de vocablos al comienzo de un verso o de una frase:

Érase un hombre a una nariz pegado.

Érase una nariz superlativa (Quevedo).

Si la repetición se produce al final de la frase o del verso, se llama “epífora” o “conversión” y provoca un efecto de eco:
La buscaba de noche
y la seguía cada noche.
Aposiopesis. Interrupción brusca del enunciado por considerar evidente lo que se va a expresar. También se denomina “reticencia”:

Iba a decirte... Pero no; ya lo sabes. 
Asíndeton. Omisión de nexos o enlaces entre elementos que deberían ir unidos por ellos:

       Acude, corre, vuela,
traspasa la alta sierra, ocupa el llano (Fray Luis de León).
Braquilogía. Expresión breve que equivale a otra más extensa:
Se cree listo (cree que es listo). 

Complexión. Combinación de la anáfora y la epífora:

Quem senatus damnarit,

quem populus damnarit,

quem omnium existimatio damnarit (Cicerón).
Conduplicación o Concatenación (“conduplicatio”). Se trata de una gradación (“gradatio”); es decir, una enumeración en un orden de valores determinado. En la concatenación, la palabra de un miembro se repite en el siguiente:

Sale de la abundancia ocio, del ocio vicio, del vicio guerra.

En La Celestina, Pleberio se lamenta de manera patética por la muerte de Melibea. La repetición intensifica el dolor del padre:

¿Por qué me dejaste, cuando yo te había de dejar? ¿Por qué me dejaste penado? ¿Por qué me dejaste...? (auto XXI).

La Celestina, Ediciones Akal, 2012

Ditología o Geminación (“geminatio”). Repetición de un elemento lingüístico (sílaba, palabra, proposición...). Mediante una conjunción o una coma, se unen vocablos o sintagmas en parejas. En la mayor parte de las ocasiones, la geminación consiste en la posición doble (”bimembración”), pero también se da la posición triple (“trimembración”) y múltiple (“plurimembración”):

                         Aquel dulce y amargo jarro (Lazarillo de Tormes).

Astuto, hábil y sagaz.

Bueno, malo, pillo y desgraciado.
Elipsis. Omisión de un elemento en la frase:

Compré dos kilos de manzanas, dos [kilos]de peras y dos [kilos]de naranjas.

Véanse asimismo “Zeugma” y “Braquilogía”.

            Enálage Metábasis. Construcción gramatical, no previsible lógicamente, que desempeña en el discurso una función diferente a la que tiene asignada en el nivel de la lengua:
Habla rápido (por “habla rápidamente”).

Los verdes protegen la naturaleza (el adjetivo se ha convertido en sustantivo).
Enumeración. Figura que consiste en enumerar y enunciar varias ideas o partes de un concepto.
Mi escudero es mentiroso, peleador, goloso, agorero, reñidor y sucio.
Epanadiplosis. Artificio que consiste en iniciar y terminar un verso o una frase con la misma palabra.

Verde que te quiero verde.
Hipérbaton. Alteración del orden natural o lógico de la frase, que en castellano es sujeto-verbo-complementos:
Era del año la estación florida (Góngora).

Paralelismo. Se reiteran dos o más versos (o fragmentos en prosa) con leves variaciones:

¿Dónde dejas al buen amigo?
¿Dónde dejas al buen amado?
Don Juan Manuel, autor de El conde Lucanor, lo emplea en los pareados con que remata sus ejemplos:

A las cosas ciertas os encomendad
y las confianzas vanas dejad (VII).

El conde Lucanor, Bruño, 2011

Polisíndeton. Consiste en repetir varias veces el mismo nexo o la misma conjunción:
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte (M. Hernández).

Poliptoton. Consiste en la repetición de una misma palabra en diversas funciones gramaticales o formas. La figura, que también se llama “Traducción” (“traductio”), puede afectar asimismo a un verbo en distintos tiempos.
Como desea imitar en todo a Calisto, la emplea Melibea:
¿Qué crueldad sería, padre mío, muriendo él despeñado, que viviese yo penada? Su muerte convida a la mía; convídame y fuerza que sea presto, sin dilación; muéstrame que ha de ser despeñada por seguirle en todo (XX).

Retruécano.Alteración de los términos de una frase o de una cláusula en otra subsiguiente para que el sentido de la última contraste con el de la anterior. Para intensificar la idea de que el amor es enemigo de los que aman y amigo de los que desaman, Pleberio lo increpa así:

Enemigo de amigos, amigo de enemigos (XXI).

Quiasmo. Ordenación de dos grupos de palabras de tal modo que el segundo invierte el orden del primero.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza (R. Darío).
Zeugma. Cuando una palabra tiene conexión con varios miembros del periodo y está expresa en uno de ellos, se sobreentiende en los demás. Así, Cervantes omite “era” antes de “seco de carnes” y “enjuto de rostro”:

Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro… (Quijote, I, I).

Recursos semánticos


Las palabras pueden ser reemplazadas por otras. Se crean nuevos sentidos, se sustituyen unos elementos por otros, etc. Esto ocurre en el lenguaje coloquial, pero la lengua literaria posee un "extrañamiento"; es decir, una gran capacidad para crear desplazamientos originales, de gran belleza estética, que están alejados del lenguaje corriente. Cuando tales desplazamientos ocurren en el nivel de la palabra, hablamos de recursos lexicales (polisemia, sinonimia, etc). Así, un sinónimo es un cuerpo léxico que posee el mismo contenido léxico que la palabra sustituida. Con todo, la coincidencia de significado nunca es completa: funesto/fatal/mortal.
Los tropos apartan o trasladan el contenido léxico originario hacia otro contenido léxico. Los tropos más importantes son: metáfora, metonimia, sinécdoque y símil o comparación. Algunos teóricos incluyen la alegoría, la antonomasia y la sinestesia, entre otros. Veamos los diferentes tipos de recursos semánticos:

Alegoría. Expresión de un pensamiento por medio de imágenes, de tal modo que haya correspondencia entre los elementos del plano “real” y del imaginado. Normalmente, se parte de una comparación o de una metáfora. En los versos acrósticos de La Celestina, el autor se compara con una hormiga. Abandona su labor de jurista y pretende lograr éxito con las letras, volando como una hormiga, pero los autores consagrados se ceban con él. Donde ella pensaba gozar volando

o yo de escribir cobrar más honor, 
de lo uno y de lo otro nació disfavor:

ella es comida y a mí están cortando

reproches, revistas y tachas. Callando

obstara, y los daños de envidia y murmullos;

insisto remando, y los puertos seguros

atrás quedan todos ya cuanto más ando.


Podemos establecer las siguientes correspondencias de sentido:
-hormiga (el autor)
-disfavor (daño sufrido)
-cortando reproches (censuras de los críticos)
-remar (continuar con su labor literaria)
-puertos seguros (su oficio de jurista).

Amplificación (“amplificatio”). Desarrollo amplificado de una idea mediante la enumeración de los elementos que intensifican su sentido. Para conseguirlo, los teóricos señalan algunos procedimientos: perífrasis, apóstrofe, prosopopeya, etc. En el ejemplo siguiente, Celestina, quien desea encarecer la tarea realizada para sacar mayor provecho, pondera la idea expresada e incrementa la formulación lingüística cuando relata a Calisto su labor de alcahueta:

Melibea pena por ti más que tú por ella; Melibea te ama y desea ver; Melibea piensa más horas en tu persona que en la suya; Melibea se llama tuya (XI).
Anfibología. Relación equívoca entre palabras. El equívoco o doble sentido de un término puede conducir al chiste. Quevedo juega con el doble sentido de “cardenal” (“prelado que compone el colegio consultivo del papa” y “mancha amoratada a consecuencia de un golpe”):

Salió de la cárcel con tanta honra que le acompañaron doscientos cardenales, salvo que a ninguno llamaban señoría”.
Antítesis. Se contrapone una frase o una palabra a otra de significado contrario. Cuando Melibea está a punto de tirarse de la torre, dice a su padre:

Llegado es mi alivio y tu pena (XX).
Antonomasia: sustitución de un nombre propio por una perífrasis:

Oviedo: la capital de Asturias.

Júpiter: el dios padre y el rey de los hombres.
Apóstrofe. Invocación de modo vehemente a un ser presente o imaginario. Cuando Pleberio ve sola a su hija, se dirige a ella de este modo:

Hija mía, Melibea, ¿qué haces sola? (XX).

Batología o pleonasmo. Repetición de vocablos o expresiones:

Lo vi con mis propios ojos.

Puede tener efectos un tanto molestos por reiterativos:

Bajé abajo. Subí arriba. 

Disfemismo. Es el término contrario de “eufemismo”. Designa la palabra que se refiere a un concepto con matiz despectivo. Para llamar “borracho” a alguien, se crea el vocablo “abrazafarolas”. Es fuente principal para degradar a una persona. Con el fin de ofender a un supuesto amante del jefe de Gobierno de cierto país, una revista publicó que había sido nombrado
jefe de protoculo.
 
         Énfasis. Da a entender más de lo que se dice o bien obliga a comprender lo que no se dice. En

¡Sus motivos tendrá cuando calla!

se sugiere que alguna razón grave obliga al sujeto a callar, pero no se afirma explícitamente.

Epanortosis. Consiste en volver sobre una expresión formulada para rectificarla:
La encontré en el cine; mejor dicho, en la entrada.
Epifonema. Sentencia que se coloca al final de un proceso de pensamiento:

… Daba sustento.
¡Que tanto puede una mujer que llora! (Lope de Vega).

Epífora. Véase “anáfora”.

Epímone. Se repite enfáticamente una misma palabra:

Noches y días,
días y noches,
noches y días (D. Alonso).
Epíteto. Adjetivo calificativo que subraya una cualidad del nombre sin modificar la extensión o comprensión del sustantivo con el cual concuerda. Suele ir antepuesto.

Blanca nieve, mansa oveja, colorada rosa.
Eufemismo. Consiste en emplear un término agradable para no mencionar otro sucio, inoportuno o molesto. La palabra sustituida es tabú; es decir, está “prohibida” por las convenciones sociales.
Baño por "retrete". Invidente por "ciego". Presión fiscal por "subida de impuestos".



Exclamación. Expresión enérgica de un afecto:
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos! (J. Manrique).

Hipérbole. Es una ponderación desmesurada, una amplificación creciente.
Me duele hasta el aliento (M. Hernández).
Puede combinarse con otros tropos; por ejemplo, con la metáfora:
Corazón de hierro.
Lítotes. No expresa todo lo que se quiere dar a entender. Se niega lo contrario de aquello que se desea afirmar:

No pequeño = muy grande.
Metáfora. Consiste en una traslación semántica mediante la cual se identifica un elemento real con otro imaginario o evocado. En
Roldán es un tigre
trasladamos el contenido original de “tigre” (fiera) y lo empleamos en un contenido léxico novedoso: guerrero salvaje. Obviamente, ha de existir un fundamento para la identificación. En este caso, parece evidente que un guerrero salvaje se parece a un tigre en salvajismo y fiereza. 

Hay varios tipos de metáfora: pura, en aposición, impresionista...

Parábola. Narración simbólica de la que se deduce una verdad o una enseñanza moral. Es muy conocida la parábola del hijo pródigo (Lucas, 15, 11-32). Si tiene sentido de prevención, advertencia o reprensión, se llama “apólogo”.

Paradoja. Consiste en utilizar frases o expresiones que envuelven contradicción:
Mira al avaro; en sus riquezas, pobre.

Perífrasis. Consiste en dar un rodeo a la expresión, de tal modo que se emplean más vocablos de los necesarios para expresar algo que necesita pocas palabras:
Leño en que tiendes los brazos poderosos (la Cruz).

Sinestesia. Consiste en vincular dos sensaciones que son percibidas por sentidos diferentes:
Color chillón. Escucho con mis ojos a los muertos (Quevedo).




Bibliografía

Lausberg, H., Elementos de Retórica literaria, Madrid, Gredos, 1983.

Lausberg, H., Manual de Retórica literaria, Madrid, Gredos, 1980, 3 vols.

Lázaro Carreter, Fernando, Diccionario de términos filológicos, Madrid, Gredos, 1977.